viernes, 25 de julio de 2014

Direcciones Ecuatoriales de Arco Solar


Las Direcciones Ecuatoriales de Arco Solar que presentamos en este artículo constituyen un método de prognosis relativamente fácil de usar , en comparación con los principales sistemas de Direcciones Primarias tradicionales, entre los cuales cabría encuadrarlo. Aunque lo introducimos como una novedad, tiene un claro precedente, que es el Método de la Ascensión Recta de Sepharial. Explicaremos aquí ambos métodos, ilustrándolos con ejemplos. Pero antes de entrar en materia, haremos un repaso de algunos conceptos básicos relativos a la organización del espacio astronómico; sin ellos es imposible entender ninguna de las dos técnicas y aunque cualquier buen manual de astrología los contiene, es palpable que cada vez es mayor el número de estudiantes autodidactas de Astrología que creen poder saltar por encima de los fundamentos astronómicos de la misma, como si fueran competencia exclusiva de los programadores de software. Confiados en sus potentes programas de cálculos astronómicos, quedan confinados dentro de sus estrechos límites, sin poder hacer ningún progreso más allá de lo que éstos les ofrecen. Es más, ni siquiera entienden una parte considerable de las opciones incluidas en sus programas favoritos, y están, desde luego, enteramente incapacitados para detectar los errores de cálculo que casi siempre se deslizan, incluso en los mejores programas. Por el momento, ninguna de las dos técnicas de que aquí nos ocupamos está incluida entre las opciones de prognosis de los programas de cálculos astrológicos más difundidos; pero todavía puede sacarse partido de ellos si se comprenden las nociones básicas -muy elementales, por lo demás- acerca de coordenadas esféricas.


1. La organización del espacio astrológico. Conceptos básicos

La Eclíptica es el camino que aparentemente sigue el Sol, visto desde la Tierra, en relación al fondo de las estrellas fijas, de modo que completa un círculo al cabo de un año, cuyo centro es la propia Tierra. La medida de un radio de la Eclíptica se denomina Unidad Astronómica (UA) y se utiliza para medir las distancias que nos separan de los cuerpos celestes. Un círculo concéntrico al Ecuador terrestre y situado en su mismo plano, pero con un radio de 1 UA, se denomina Ecuador Celeste. El Ecuador Celeste es, por tanto, una proyección del Ecuador terrestre a la esfera celeste. La Eclíptica está inclinada unos 23º 27' en relación al Ecuador Celeste. Ambos círculos hacen intersección en dos puntos, que son precisamente los que cruza el Sol en los equinoccios. Uno de estos dos puntos, el ocupado por el Sol en el equinoccio de primavera septentrional, se toma como origen del zodíaco y de todas las mediciones que se refieren a cualquiera de ambos círculos. Se le conoce como Punto Vernal o Cero de Aries.


Figura 1

Aunque en realidad se trata en todo momento de proyecciones esféricas, la siguiente figura simplificada en términos de geometría plana ayudará a fijar estos conceptos y entender los que siguen. 



Figura 2

        En esta figura se representa un planeta que, como puede verse, no está situado en la Eclíptica, sino algunos grados al norte de la misma (en el punto P). Para fijar su posición en la Eclíptica, trazamos una perpendicular desde P hasta la Eclíptica; de este modo el planeta se proyecta en la Eclíptica exactamente en el punto C. La distancia desde el 0º de Aries hasta el punto C (segmento O-C), medida en grados, es la longitud eclíptica del planeta P. Así definida, se trata de la longitud eclíptica en grados absolutos. Pero generalmente se la suele expresar de manera abreviada en términos de signos del zodiaco y de grados contados desde el origen del signo de que se trate. Así, por ejemplo, un planeta cuya longitud eclíptica sea 135º estará a 15º de Leo, porque decir "15º de Leo" es lo mismo que decir "120º + 15º, desde 0º Aries". Es importante no perder de vista que lo que normalmente se representa en una carta astral como "planeta P" no es el punto P, sino el punto C. La distancia entre estos dos puntos (segmento C-P), medida en grados, es la latitud del planeta P. Esta latitud se llama Norte si el planeta queda al norte de la Eclíptica y, obviamente, se llama Sur si queda al sur. Puede darse el caso de que dos planetas que en la carta astral aparecen exactamente en la misma posición (por ejemplo, los dos a 14º23' de Sagitario), estén, sin embargo, alejados entre sí diez grados ó más. Tal sería el caso si la latitud de uno de ellos fuese, por ejemplo, 3º N, y la del otro 7º S. Por el contrario, si, además de la longitud, también la latitud fuese la misma, probablemente se daría un fenómeno de ocultación de un planeta por el otro, y la conjunción sería más potente y de consecuencias más drásticas. Si esos dos planetas son el Sol y la Luna, tendremos un eclipse de Sol. La eclíptica es, como su nombre indica, el lugar donde se producen los eclipses, ya que la Luna sólo puede ocultar al Sol si se sitúa a la altura de la eclíptica (latitud 0º). 

        Longitud y latitud se utilizan, pues, como un par de coordenadas cartesianas que permiten fijar la posición del punto P. Estos ejes de coordenadas son los más apropiados para seguir los movimientos de los planetas en sus propias órbitas. Son los que se suelen utilizar en todas las técnicas de prognosis de orientación zodiacal: tránsitos, progresiones secundarias, revoluciones solares, lunares y planetarias, direcciones de arco solar, direcciones simbólicas, direcciones armónicas, etc. 

        Otras técnicas de prognosis, como las diferentes variedades de direcciones primarias recurren a sistemas de coordenadas alternativos. Hay varios, pero el que aquí nos interesa es el de los ejes de coordenadas ecuatoriales. Ahora queremos proyectar el planeta P en el Ecuador Celeste y lo hacemos, como antes, trazando una perpendicular desde P hasta éste último. El punto A es la proyección de P en el Ecuador Celeste. La distancia desde el 0º de Aries hasta el punto A (segmento O-A), medida en grados, es la ascensión recta del planeta P. Al igual que sucede con la longitud, también la ascensión recta puede expresarse en términos de signos del zodíaco y grados de signos; pero en este caso es más frecuente expresarla en grados absolutos, porque el zodíaco remite de manera natural a la Eclíptica. También se suele expresar la ascensión recta en tiempo, lo cual facilita las observaciones astronómicas. En ese caso, se usan las siguientes equivalencias: 

  • 1 hora de tiempo = 15 grados de arco (15º). 
  • 4 minutos de tiempo = 1 grado de arco (1º).
  • 1 minuto de tiempo = 15 minutos de arco (15').
  • 4 segundos de tiempo = 1 minuto de arco (1').
  • 1 segundo de tiempo = 15 segundos de arco (15").

       La razón de estas equivalencias es que expresan el tiempo que tarda la Tierra en efectuar una porción de giro sobre su propio eje igual a la medida del arco. La Ascensión Recta está, por tanto, directamente vinculada con el movimiento de rotación terrestre. 

        La distancia entre el punto A y el planeta P (segmento A-P), medida en grados, es la declinación del planeta P. Esta declinación se llama Norte si el planeta queda al norte del Ecuador y, nuevamente, se llama Sur si queda al sur. En astrología se da más importancia a las declinaciones que a las latitudes de los planetas. Esto se debe a que son utilizadas para definir un importante tipo de relación entre dos planetas: el aspecto de paralelo de declinación. Dos planetas están en paralelo (o paralela) de declinación si tienen la misma declinación, independientemente de cuál sea su longitud o su ascensión recta; el orbe máximo para este aspecto es de un grado. Para que haya un paralelo, la orientación tiene que ser también la misma, es decir, ambos planetas con declinación Norte, o bien ambos planetas con declinación Sur. El aspecto se juzga de manera similar a una conjunción. En caso de que la medida en grados de la declinación de dos planetas sea la misma, pero su orientación sea opuesta (es decir, uno al norte y otro al sur) se dice que están en contraparalelo de declinación y este aspecto se juzga de manera similar a una oposición. 

        La ascensión recta y la declinación cumplen en la esfera celeste la misma función que los meridianos y paralelos cumplen en el globo terráqueo. Dos planetas en paralelo de declinación mantienen entre sí la misma relación que dos ciudades cuya latitud geográfica sea la misma. Dos planetas con la misma ascensión recta mantienen entre sí la misma relación que dos ciudades cuya longitud geográfica sea la misma.   


Figura 3. Adaptada de un original de Michael Erlewine (1997) 

        Debido a la rotación de la Tierra, los planetas parecen moverse en círculos concéntricos que giran en torno a los polos. Éstos se denominan círculos de declinación y se corresponden con los paralelos del globo terráqueo. Dos planetas en aspecto de paralelo giran en el mismo círculo de declinación. Por tanto, el punto ocupado por uno cualquiera de ellos en el radix albergará al otro antes de que termine el día. Estas superposiciones de puntos son tan exactas como lo sea el paralelo, de modo que cuando un punto alcanza al otro se produce una situación semejante a la que provoca un eclipse. La diferencia, por supuesto, es que para entonces el otro planeta ya no está allí; pero eso mismo ocurre, por ejemplo, con los tránsitos.

        El hecho de que dos planetas en paralelo compartan el mismo círculo de declinación es lo que da a las declinaciones primacía sobre las latitudes; en principio, podrían tenerse en cuenta los "paralelos de latitud", pero éstos no llevan asociado ningún fenómeno astronómico comparable. El giro de planetas y estrellas en sus propios círculos de declinación, observable a simple vista, puede registrarse fotográficamente mediante cámaras fijas en trípodes que permiten exposiciones prolongadas; así se obtienen efectos como estos:








        Este sistema de coordenadas ecuatoriales es el más idóneo para registrar aquellos movimientos aparentes de los planetas que dependen directamente de la rotación de la Tierra sobre su propio eje. Éstos son precisamente los que interesan para trabajar con técnicas como el Método de la Ascensión Recta y las Direcciones Ecuatoriales de Arco Solar. Ahora estamos en mejores condiciones para abordarlas.


2. El método de la Ascensión Recta

        Charles E. O. Carter escribe en su Symbolic Directions:
podemos mover todos los planetas (o más bien, todas las posiciones radicales) en Ascensión Recta, un método fácil de direcciones primarias que fue publicado primero, según creo, por Sepharial en el British Journal of Astrology. Determinando la distancia en ascensión recta entre dos puntos cualesquiera que queramos dirigir, podemos convertir este "arco" en tiempo. Se han propuesto varias correspondencias, pero las dos principales son la de 1º de ascensión recta por año, y la de Naibod, el cual emplea el movimiento solar medio de 59' 8" al año. [Charles E.O. Carter, Symbolic Directions in Modern Astrology, p.18, Londres, 1947.]
        Prosigue Carter ilustrando el método con un ejemplo, en el cual, dejando a un lado algunas imprecisiones en los cálculos debidas a los limitados medios con que aún se trabajaba en su época, se aprecia que éste método no emplea directamente la ascensión recta de los planetas, sino la ascensión recta de su longitud eclíptica. Para que se entienda bien esta diferencia, la ilustramos de nuevo con una simplificación en geometría plana (figura 4).


Figura 4

        El punto C, como dijimos más arriba, es el lugar de la eclíptica en el cual se proyecta perpendicularmente el planeta P. Si ahora proyectamos el punto C perpendicularmente sobre el Ecuador Celeste, queda reflejado en el punto B. B define la ascensión recta de C, la cual es la medida en grados del segmento O-B. Es evidente que la ascensión recta del planeta P (es decir, O-A) no es la misma que la ascensión recta de la longitud del planeta P (es decir, O-B). La discrepancia entre ambas será tanto mayor cuanto mayor sea la latitud del planeta. En el caso de Plutón puede llegar a ser muy considerable. Y mucho más si trabajamos con estrellas fijas. 

        El método que Carter atribuye a Sepharial consiste, pues, en calcular una carta que registre la ascensión recta de las longitudes eclípticas de cada planeta (B en la figura 4); una vez hecho esto, para calcular una dirección de un planeta a un punto cualquiera de esa carta, se cuentan los grados desde el planeta hasta el punto y se hace valer cada grado por un año, o bien, preferentemente, cada 59'08" de arco (medida de Naibod) por un año. 

        Esto resultaba cómodo para ellos, ya que disponían de tablas para convertir fácilmente grados de longitud eclíptica en su ascensión recta correspondiente, como algunas publicadas por Alan Leo. Además, puesto que el Sol siempre está en la misma Eclíptica, su ascensión recta y la ascensión recta de su longitud es siempre la misma; esto permite saber cuál es la ascensión recta de un grado cualquiera del zodíaco mirando en las efemérides la ascensión recta del Sol cuando ocupa ese grado. Hay, además, una fórmula que permite convertir la longitud eclíptica en ascensión recta, y es la que Alan Leo daba en su libro de 1905 The Progressed Horoscope [Hay traducción española, en Edicomunicación S.A., Visión Libros, El Horóscopo Progresado, Barcelona, 1988.], en los términos siguientes: 

FORMULA I Para convertir la Longitud en Ascensión Recta, sin la Latitud.
    Log. coseno de oblicuidad de la eclíptica (23º 27')
+ Log. tangente long. desde ARIES o LIBRA (o Log. cotan. long. desde CANCER o CAPRICORNIO)
= Log. tangente A.R. desde ARIES o LIBRA (o Log. cotan. A.R. desde CANCER o CAPRICORNIO)
    Si en ARIES, TAURO o GEMINIS, la solución será la A.R. que se necesita. Si en CANCER, LEO o VIRGO, añadir 90º. Si en LIBRA, ESCORPIO o SAGITARIO, añadir 180º. Si en CAPRICORNIO, ACUARIO o PISCIS, añadir 270º.
    NOTA: Esta fórmula se emplea en el caso del Sol o cualquier cuerpo celeste que se toma sin la latitud o de cualquier grado de la eclíptica sin latitud. 

       Sin embargo, esta fórmula resulta inútil si no se dispone de las tablas de logaritmos. Afortunadamente una calculadora científica nos exime hoy de ellas, pudiendo emplear en su lugar la siguiente variante: 

Para puntos situados en ARIES, TAURO o GEMINIS, medidos desde 0 de ARIES, o bien en LIBRA, ESCORPIO o SAGITARIO, medidos desde 0 de LIBRA:

atan (( cos (OE)) x tan (long))
Para puntos situados en CANCER, LEO o VIRGO, medidos desde 0 de CANCER, o bien en CAPRICORNIO, ACUARIO o PISCIS, medidos desde 0 de CAPRICORNIO:

atan (1/( cos (OE) x 1/tan (long)))
( siendo "OE" la Oblicuidad de la Eclíptica y "long" la Longitud Eclíptica)
Si en ARIES, TAURO o GEMINIS, la solución será la A.R. que se necesita. Si en CANCER, LEO o VIRGO, añadir 90º. Si en LIBRA, ESCORPIO o SAGITARIO, añadir 180º. Si en CAPRICORNIO, ACUARIO o PISCIS, añadir 270º.

      Si dispone de Microsoft Excel todo lo que necesita es la siguiente:

Hoja de cálculo para convertir la Longitud en Ascensión Recta sin Latitud

Por si todavía quedase alguna duda, incluiremos el ejemplo que da el propio Carter, valiéndose de la carta siguiente: 


Figura 5

       La de arriba -explica Carter, p.19 y ss.- es la natividad de un hombre, nacido en Wiltshire a las 8.10 a.m., 25 de junio de 1891. El 30 de octubre de 1923 fue contratado para supervisar una correa de impulsión en una fábrica donde él trabajaba como ingeniero. Ordenó a un operador que detuviera la maquinaria, pero éste último, por equivocación, la activó de nuevo. El nativo sufrió el desgarro de su brazo, sepsis permanente y su vida fue salvada por poco. Fue compensado por su firma, pero su carrera estaba arruinada. (...) 
Tomemos la Luna en oposición a Marte. 
       A.R. 14º 48' Acuario = 317º 16' 
       A.R. 14º 13' Capricornio = 285º 26' 
_______________________________________________ 
       Diferencia = 31º 50' 

Sumar, para ecuación de Naibod, 29' * 
[* El propio Carter explica esto así: "La medida de 59' 8" no es tan difícil de usar como podría suponerse. Es, por supuesto, más lenta que la de 1º, y por tanto indica una fecha posterior en la vida. Para convertir el arco de 1º en el de Naibod, súmese al primero tantos minutos como grados haya (redondeando el arco al grado más cercano, de modo que, v.g. 20º 50' se redondea a 21º) menos tantos minutos como decenas de grados haya, de nuevo redondeando a la decena más cercana. Por tanto 20º 50' sería más 21' menos 2'. El resultado quedará siempre lo suficientemente cerca para todos los propósitos ordinarios. 
Damos esta información por su interés histórico, para situar la cita en su adecuado contexto; pero, obviamente, estos procedimientos sobran hoy en día. Si se dispone de una simple calculadora científica con funciones trigonométricas, basta con dividir el arco de dirección entre 0º 59' 8" ó 0.98555 para obtener directamente el resultado buscado y con mayor precisión. 
________________________________________________ 
               = 32º 19' 
       Esto queda muy cerca del tiempo del accidente, el cual ocurrió a la edad de 32 años y 127 días; 127 días son en relación a un año de 365 días, como 21' es a 60', de modo que la edad de 32 años, 127 días la expresaremos como 32º 21', en términos de arco. 
       (...) la Luna, llevada a través del cielo a razón de 59' 8" por año, alcanzaría la oposición al lugar radical de Marte en 32 años y 19/60 de año. Ahora bien, el accidente ocurrió a la edad de 32 años y 21/60, o un trigésimo de año más tarde. En otras palabras, la dirección se cumple alrededor de 12 días después, una discrepancia relativamente muy pequeña. 

        Se observará también por este ejemplo que la Luna es dirigida hacia la oposición de Marte en dirección contraria a su movimiento natural en el zodíaco, puesto que se la desplaza desde Acuario hasta Capricornio. Así se hace siempre por este método. La razón de ello es que está basado en el movimiento de rotación de la Tierra, que es el que hace aparecer a los planetas por el horizonte oriental y ocultarse por el occidental en dirección contraria a su avance en el zodiaco.


3. Las direcciones ecuatoriales de arco solar


       La carta astral que se muestra a continuación corresponde a un hombre nacido el 11 de julio de 1957, a las 1:05 horas CET, en Málaga, España, 36º 43' N, 4º 25' W. Se suicidó el día 10 de agosto del 2004, de manera ritual, ahorcándose en medio de numerosas velas encendidas, poco después de cumplir los 47 años. 


Figura 6

        Una dirección concordante con el suceso podría ser Plutón en conjunción al Sol. Plutón comparte con el signo de Escorpio un fondo pulsional que, mal enfocado, puede generar tendencias autodestructivas. Además, en esta carta la cúspide de la casa octava (tradicionalmente asociada a la muerte) se encuentra en el signo de Escorpio. De acuerdo con la versión moderna más utilizada de la teoría de las dignidades planetarias (de la que no me siento muy convencido, aunque tampoco la rechazo por principio) Plutón sería aquí el regente de la casa VIII y, por estar en Leo, el Sol es su dispositor. Todo esto (o simplemente la presencia de Plutón en Leo) puede incorporar a las tendencias autodestructivas matices exhibicionistas e histriónicos. Una dirección Plutón-Sol, por otra parte, admite por sí sola esa lectura, aun en ausencia de los otros antecedentes. Además, la medida del ángulo Sol-Plutón en grados no anda muy lejos de la edad del sujeto, y menos aún en Ascensión Recta, por lo cual merece la pena ensayar la aplicación del método anterior a este caso. 
  • El Sol se encuentra a 18º 25' 36" de Cáncer. La ascensión recta del Sol es 109º 57' 31", tanto del planeta como de su longitud.
  • La ascensión recta de la longitud de Plutón (28º 48' 27" de Leo) con una oblicuidad de la eclíptica de 23º 26' 41" es igual a 150º 56' 58".
  • La diferencia de ambas ascensiones rectas nos da el arco de dirección = 40º 59' 27".
  • Corrección de Naibod = 41º 35' 19".
  • Edad en arco = 47º 05' 02".
El error es de 5 años y medio, lo cual obviamente es demasiado. Parece que esta dirección no tuvo mucho que ver con el suceso. Y sin embargo, si observamos lo que se ve en la figura 7, resulta difícil aceptar que así sea.


 Figura 7

        La figura 7 es una representación esférica de la misma carta astral de la figura 6. Para mayor claridad, se han omitido todos los planetas, excepto los que incumben a la dirección investigada. Hemos escogido coordenadas ecuatoriales, porque son las idóneas para el método de la Ascensión Recta. La ventaja de usar este tipo de carta tridimensional es que nos permite darnos cuenta enseguida de que el Sol y Plutón tienen un importante vínculo: un paralelo de declinación exacto al minuto de arco (22º 11' Norte, en ambos planetas). Se mueven por tanto exactamente en el mismo círculo de declinación, de modo que cuando uno de ellos alcance la posición del otro por dirección, se producirá un fenómeno análogo a la ocultación de un planeta por el otro. Esta no es, por tanto, una dirección más, sino que es de esperar que sus efectos queden sobredimensionados. 

        En segundo lugar, observamos que el ángulo entre el Sol y Plutón, medido en ascensión recta de los planetas mismos (en lugar de la ascensión recta de sus longitudes) asciende a 45º 06'. Si tomamos esta medida como arco direccional y aplicamos la corrección de Naibod, llegamos a 45º 46'. Esto nos deja a un año y cuatro meses de la fecha del suceso. Este resultado no es tan malo como el anterior, ya que hemos recortado en más de cuatro años la diferencia, pero aún dista de ser convincente.

        La medida de Naibod, según dejamos dicho, es la media del movimiento diario del Sol. Si el Sol recorre los 360º del Zodíaco en un año trópico, y éste consta de 365,2421991 días, entonces en promedio el Sol recorre 360/365,2421991 grados por día, es decir 0º 58' 08.33". Hay otra técnica de prognosis más conocida que la que aquí estamos tratando que también utiliza el movimiento diario del Sol como clave de dirección para todos los planetas. Se trata de las llamadas Direcciones de Arco Solar. Es muy semejante al método de la Ascensión Recta, excepto en tres detalles:

  • No usa la ascensión recta de las longitudes de los planetas, sino las longitudes eclípticas mismas.
  • No mueve los planetas en sentido horario, sino en sentido zodiacal.
  • No usa el movimiento diario medio del Sol (la medida de Naibod) sino el movimiento diario real del Sol.

       Esta última diferencia es la que nos interesa ahora. El Sol no se mueve todo el tiempo a la misma velocidad en el zodiaco. Esto se debe a que la órbita de la Tierra no es un círculo perfecto, sino una elipse. Cuando el Sol se sitúa cerca del perihelio, actualmente en Capricornio, su movimiento es más rápido; cuando se mueve en las inmediaciones del afelio, actualmente en Cáncer, lo hace más lentamente. La idea clave que está detrás tanto del método de la Ascensión Recta como de las Direcciones de Arco Solar es: 

        Lo que el Sol se mueve en un día, eso se mueven todos los planetas en un año 

        Es decir, cada día contado a partir del nacimiento vale por un año contado a partir del mismo origen. El método de la Ascensión Recta simplifica los cálculos tomando el valor medio del movimiento diario solar como clave de velocidad constante. Las direcciones de Arco Solar optan por el desplazamiento verdadero del Sol, diferente en cada natividad, y de velocidad variable para las distintas edades. 

        Veamos qué sucede si en nuestro cálculo anterior, en el cual ya habíamos sustituido la ascensión recta de las longitudes de los planetas por su verdadera ascensión recta, sustituimos ahora también el movimiento medio del Sol (Clave de Naibod) por su movimiento verdadero
  • La edad del nativo en cuestión para la fecha del suceso era de 47 años y 30 días (47º 05'02" en arco ó 47.083826 años)
  • Tomando cada año por un día, esto equivale a 47 días 2 horas 0 minutos 43 segundos.
  • Sumando esos días a la fecha de nacimiento, llegamos al 27 de agosto de 1957, 2h 05m 43s GMT.
  • En esa fecha y hora el Sol se encuentra en Virgo, a 3º 32' 16".
  • Desde la posición natal del Sol (18º 25' 36" de Cáncer) hasta 3º 32' 16 de Virgo hay un arco de 45º 06' 40" (el Arco Solar verdadero). Esto es lo que debemos restar a la ascensión recta de Plutón.
  • La ascensión recta de Plutón es 155º 03' 49" - 45º 06' 40" = 109º 57' 09".
  • La ascensión recta del Sol es 109º 57' 31".
  • Diferencia = 0º 00' 22".
       Ahora el arco de dirección sólo ha sido rebasado por el arco solar en 22", lo que traducido a tiempo de cumplimiento nos arroja un error de poco más de 2 días (cada día equivale aproximadamente a 10" de arco)**
** Todos los cálculos anteriores se pueden abreviar bastante si se dispone de programas de cálculos astrológicos. Para trabajar con el método que acabamos de descubrir podemos usar cualquier programa que ofrezca el listado de la ascensión recta de los planetas. Casi todos lo hacen y algunos incluso permiten dibujar la carta astral completa en coordenadas ecuatoriales. Así, por ejemplo, el Astrolog y el Zet. De ese modo, determinamos el arco de dirección con una simple resta. El arco solar puede obtenerse directamente de las Progresiones Secundarias o de las Direcciones de Arco Solar, ya que es el mismo en ambos métodos
       Que sepamos, la hora de nacimiento no había sido rectificada, por lo que un error de unos pocos minutos podría ajustar todavía más esta dirección hasta dar en el día exacto. En realidad, basta con retroceder dos minutos la hora de nacimiento para que una segunda dirección, tan peligrosa como la anterior, se cumpla exactamente en la fecha del suceso, por el mismo sistema que estamos considerando. El ascendente, que en longitud eclíptica está a 24º 25' de Aries, medido en ascensión recta queda a 22º 37' del mismo signo. Dos minutos antes estaba a 21º 45' de Aries. La ascensión recta de Saturno dirigida por arco solar queda a 21º 45' de Libra, en lo que sería una oposición exacta a ese supuesto ascendente. 


Figura 8

        Pero no queremos recurrir a hipótesis ad hoc. Más bien debemos considerar que este resultado es más que satisfactorio, sobre todo teniendo en cuenta que uno de los planetas involucrados en la primera dirección es el Sol y que a éste se le conceden orbes mayores. A diferencia de los otros planetas, cuya ubicación es más puntual, el disco del Sol visto desde la Tierra tiene un diámetro de 31' de arco. Por tanto, una dirección al Sol entra en contacto con éste ya desde 15' de arco antes de la posición registrada en las efemérides y se prolonga por otros 15' más; esto significa que por un espacio de seis meses (tres antes y tres después de la fecha calculada) la dirección puede considerarse como muy activa por todo ese tiempo. Podemos resumir el caso como sigue: 
  • Hallamos al Sol y a Plutón en paralelo de declinación exacto al minuto (22º 11' N)
  • El arco de dirección Plutón-Sol, en ascensión recta, es de 45º 06'
  • Se produce un suceso concordante con la dirección Plutón-Sol a la edad de 47,084 años
  • A los 47,084 días después del nacimiento, el arco solar asciende a 45º 06'
        Nos faltó calcular la dirección Sol-Plutón por Direcciones (eclípticas) de Arco Solar. Sin entrar en más detalles, ya que no es el tema de este artículo, diremos que por ese método se produce de nuevo un desfase en torno a los cinco años.

        Hemos asistido, por consiguiente, a la evolución desde el "método de la Ascensión Recta" a las "Direcciones Ecuatoriales de Arco Solar", pasando por las tradicionales "Direcciones de Arco Solar" (eclípticas). Estas denominaciones, desde luego, son discutibles, pero de algún modo hay que referirse a estos procedimientos. Tan método de ascensión recta es el primero como el segundo y, a decir verdad, incluso le cuadra mejor el título al segundo que al primero. Y ambas son desde luego direcciones ecuatoriales, una de arco solar medio y la otra de arco solar verdadero. Por tanto las tres son direcciones de arco solar, si bien el método de la ascensión recta lo es sólo en parte, ya que admite otras claves (1º por año, por ejemplo). No obstante, dado que las técnicas ya en uso son conocidas por esos nombres, no vamos a disputárselos. Resumimos en el cuadro siguiente las características de las tres:

Método de la Ascensión Recta
Direcciones de Arco Solar
Direcciones Ecuatoriales de Arco Solar
Los arcos de dirección se miden En ascensión recta de las longitudes eclípticas En longitudes eclípticas En ascensión recta (de los planetas mismos)
Clave de dirección por año a) Medida de Naibod  (0º 59' 08.33")
b) Un grado.
Arco solar diario verdadero (eclíptico) Arco solar diario verdadero (eclíptico)
Los planetas son dirigidos en sentido horario zodiacal horario



4. Arco solar y resonancia de ciclos

        La referencia de los tres métodos anteriores al arco solar, ya sea medio o verdadero, se debe a que la tradición astrológica nos ha legado el hallazgo de que un día equivale simbólicamente a un año y se proyecta o refleja en él; de ahí que en las técnicas que acabamos de describir el movimiento eclíptico (medio o verdadero) del Sol en un día se tome como pauta del movimiento de toda la carta (ecuatorial o eclíptica) en un año. Esta equivalencia, sin embargo, es indirecta y hasta se diría un tanto rebuscada si no fuera porque en la práctica produce buenos resultados.

        Detrás de la idea que acabamos de exponer está el supuesto de que dos ciclos diferentes pueden afectarse mutuamente por un fenómeno de resonancia, de apariencia ondulatoria. De todos los ciclos que estudia la astrología hay dos que nos afectan de manera muy fundamental, por el simple hecho de habitar el planeta Tierra; son precisamente los que se derivan de los dos movimientos principales de nuestro planeta: el de rotación en torno a su eje y el de revolución en torno al Sol, es decir, el día y el año. Las tres técnicas que hemos explorado, junto con las progresiones secundarias y las direcciones primarias, son distintos intentos de poner a prueba el alcance de esta postulada resonancia de ciclos y de sacarle partido para propósitos de prognosis astrológica. Cada una lo hace "a su manera".

        Hemos transformado el método de la Ascensión Recta de Sepharial en las Direcciones Ecuatoriales de Arco Solar sustituyendo dos medidas matemáticas abstractas por otras dos más estrictamente astronómicas. Además, hemos incorporado los paralelos de declinación a la técnica, como forma de seleccionar las direcciones más relevantes. Con esto no pretendemos haber superado el sistema de Sepharial, sino solamente haberlo completado con una interesante variante. Las longitudes eclípticas de los planetas han demostrado su utilidad en buena parte de las herramientas de trabajo astrológico, por lo que no es de extrañar que tambiém sus ascensiones rectas tengan importancia y puedan protagonizar direcciones. Carter defiende el método de Sepharial con estas palabras:
pienso que este método tiene mucho valor [en mi experiencia se acerca extraordinariamente en el tiempo, quedando a menudo a muy pocos días de la fecha exacta] y es mucho más simple que las primarias convencionales. 
       Esto puede deberse al valor intrínseco del método, pero debemos observar que para fechas natales más próximas a los equinoccios que a los solsticios, la medida de Naibod y el Arco Solar difieren muy poco. Además, para planetas con poca latitud, no hay tampoco mucha diferencia entre la ascensión recta del planeta y la de su longitud eclíptica; por tanto, algunas direcciones funcionarán bien aunque el método no sea bueno, al beneficiarse de su accidental aproximación a otro método mejor. Claro está que el beneficiado podría ser cualquiera de los dos. Sólo quiero llamar la atención sobre el hecho de que si sólo uno de ellos fuese eficaz, aún podrían obtenerse de vez en cuando buenos resultados con el otro, y esto dejando completamente a un lado el porcentaje de aciertos debidos al azar.

        Prosigue Carter, comentando el método de la Ascensión Recta:
Pero no es simbólico (...) porque hay un movimiento uniforme real de todas las posiciones radicales, debido a la rotación de la tierra, el cual es semejante para todos, ya se trate del lugar radical del lento neptuno o de la rápida luna. Cada uno cruza el cielo de este a oeste sobre el horizonte, y de oeste a este por debajo del horizonte, en arcos paralelos al ecuador celeste y entre sí, así que cada punto llega, en un momento u otro, a la misma distancia, en ascensión recta, desde el meridiano que cada uno de los otros puntos ocupaba en el nacimiento. 
        Este es uno de los dos extremos de la base astronómica de la técnica: los movimientos aparentes diarios de los planetas (o de sus grados de longitud) en sus respectivos círculos de declinación, medidos en ascensión recta. El otro extremo es el movimiento anual del Sol en su propia órbita aparente (la eclíptica), medido en longitud. Pero si lo observamos con detenimiento, estas técnicas parecen dar un salto en el vacío en su peculiar modo de aplicar la ecuación día-año. Consideremos el ejemplo mostrado en las figuras 6 y 7. El arco de dirección Plutón-Sol, de 45º 06' 18" en A.R., puede expresarse en tiempo como 3 horas 0 minutos 25 segundos; este es el tiempo real que emplea Plutón en alcanzar la posición radical del Sol durante las primeras horas de la vida del nativo. Por tanto, esta dirección se cumple primero como tránsito ecuatorial en la tercera hora de la vida. Este tiempo representa el 12,53% de un día. Si decimos que un día equivale a un año, entonces el 12,53% de un día equivaldrá al 12,53% de un año. El 12,53% de un año son 45,76 días (esto en promedio, es decir, usando la medida de Naibod). Por tanto, la dirección Plutón-Sol se cumple por segunda vez a los 45,76 días de vida (o a los 47,08, usando arco solar). Esta es realmente la primera proyección que cumple directamente la ecuación día-año. Ahora bien, puesto que la dirección Plutón-Sol se refleja a los 45,76 días de vida (ó 47,08), siendo un día = un año, puede reflejarse en segunda instancia a los 45,76 años (ó 47,08) de edad.


Figura 9

        Se trata pues de proyecciones de proyecciones; el segundo término de la comparación está elevado al cuadrado. La base realmente empleada aquí como resonancia de ciclo es:

        1 día = (365,24)2 días

        Algo semejante sucede con las direcciones primarias convencionales. Aunque distintos autores utilizan diferentes claves de dirección, todas ellas se hallan próximas a una fracción de día que es al día entero lo que éste es a un año. Y esa fracción de día es equiparada directamente con un año. Por el contrario, las progresiones secundarias no elevan el segundo término al cuadrado, sino que respetan el sentido original de la ecuación día-año; toman nota de los movimientos planetarios registrados en la eclíptica durante los primeros días de la vida y los proyectan proporcionalmente en los años equivalentes. Desde el punto de vista del nivel de proyección, las progresiones secundarias son realmente primarias; y las direcciones primarias son secundarias o derivadas.

        Una cuestión interesante suscitada por estas técnicas es si esta acumulación de proyecciones disminuye o, por el contrario, aumenta la eficacia de la dirección. No tengo respuesta para ello, pero al menos puedo ensayar una reflexión. Una misma película puede proyectarse en una pantalla tan pequeña como la de un teléfono móvil o tan grande como la de una importante sala de estreno. Es posible que a medida que el tamaño de la pantalla aumenta, la definición disminuya; pero, a pesar de ello, su impacto visual es considerablemente mayor. Análogamente, una dirección que dura un espacio muy breve de tiempo puede ser muy nítida por un instante, pero apenas tendrá tiempo de causarnos ninguna inquietud. Al proyectarla sobre un ciclo más amplio, se hace considerablemente más lenta y persistente, de modo que el ciclo resonante mayor funciona como un amplificador de la onda original.

        Para terminar indicaré que, a mi modo de ver, de todas estas técnicas la que hace una lectura más pura de la ecuación día-año es la que he denominado Direcciones Ecuatoriales de Arco Solar. El ciclo que determina la naturaleza y duración de un día es el movimiento de rotación terrestre, y éste es el que origina los movimientos aparentes de los planetas en sus círculos de declinación; para determinar estos movimientos, es necesario tener en cuenta la ascensión recta de los planetas mismos (no la de sus longitudes). El ciclo que determina la naturaleza, desarrollo y duración de un año es la revolución de la tierra en torno al sol, y esta es la que origina el movimiento aparente del sol en la eclíptica. Por tanto, un arco de ascensión recta debe corresponderse con un arco igual de desplazamiento del sol en la eclíptica. Bien es verdad que la aplicación literal de lo que acabo de decir nos conduce a la proyección en primera instancia que suele cumplirse en las primeras semanas o meses de la vida, mientras que el método de las Direcciones Ecuatoriales de Arco Solar no toma éstas en cuenta, sino sólo la proyección en segunda instancia. En compensación, pueden observarse efectos elevados al cuadrado.

© 2007, Julián García Vara


jueves, 24 de julio de 2014

La revolución copernicana en astrología


Al comienzo de su Tetrabiblos nos advierte Ptolomeo que no hemos de esperar de esta obra sobre el arte conjetural de la astrología la certeza y seguridad de las demostraciones astronómicas contenidas en su Almagesto. La que el propio Ptolomeo consideraba como la parte más firme del edificio que levantó resistió heroicamente durante quince siglos como doctrina astronómica oficial en Occidente, hasta que, finalmente, se derrumbó ante las acometidas del De revolutionibus orbium coelestium copernicano. La aparatosidad de los epiciclos ptolemaicos que, pese a no existir, proporcionaban predicciones bastante conformes con la realidad, llegó a tal punto que hizo afirmar a Domenico da Novara que ningún sistema tan complicado podía existir realmente en la naturaleza.

Más de cuatro siglos y medio después de que los astrónomos abandonaran la parte más sólida de la doctrina ptolemaica, la mayoría de los astrólogos continúan todavía aferrados a su parte más débil, a pesar de que ésta se apoyaba directamente sobre el mástil abatido. Basados en la idea de que lo que cuenta es el lugar de nacimiento y cómo se percibe el universo desde ahí, desdeñan la realidad de los movimientos celestes en favor de las apariencias. En efecto, los astrólogos tienen razón en que el lugar de nacimiento cuenta, pero no es lo único que cuenta, ni siquiera lo que más cuenta, si exceptuamos los factores estrictamente geocéntricos, como la Luna, o topocéntricos, como el ascendente. Sólo un materialismo bastante burdo nos puede llevar a creer que la posición en el espacio del organismo físico sea tan decisiva. Únicamente para los asuntos relacionados con la percepción sensorial, la ubicación de esos órganos de los sentidos es definitiva. Pero nadie sostendría seriamente que los efectos astrológicos se producen por la incidencia de los planetas sobre los sentidos, pues por lo general ni los vemos ni tenemos la menor idea de dónde están (mucho menos un recién nacido que ni siquiera sabe que existen). Nuestro modo de sintonizar con los estados cósmicos es, definitivamente, extrasensorial. Además, los paises tienen cartas astrales, pero no órganos de los sentidos ni ubicación local puntual; es decir, el "cuerpo" de un país, su extensión total, no sirve para determinar un grado ascendente, porque a lo largo de esa extensión pueden estar ascendiendo en un momento dado varios signos completos. Para poder fijar el ascendente de una nación se busca un centro, el lugar donde se ha tomado la decisión o donde se ha firmado el acta de independencia. Nuestro sistema solar tiene un centro, el Sol. ¿Por qué no pensar que desde ahí puedan tomarse "decisiones" o registrarse estados que afecten a la totalidad del sistema? Algunos astrólogos se han preguntado esto y han experimentado con cartas heliocéntricas; por ejemplo, Michael Erlewine o Dane Rudhyar.

Por lo que respecta a las condiciones inmediatas de la subjetividad, el punto de vista del observador no debe ser pasado por alto*
* En realidad, los que insisten en defender las cartas geocéntricas sobre la base de que el individuo ha nacido en la Tierra y no en el Sol y que lo que cuenta es cómo se ven las cosas desde el lugar de nacimiento, incurren inmediatamente en varias inconsecuencias. Calculan las posiciones planetarias para el centro de la Tierra, no para el lugar de la superficie en que nació el nativo (la diferencia no es muy grande en general, pero la Luna puede cambiar de grado y hasta de signo). Los aspectos realmente visibles desde el lugar de nacimiento son los aspectos mundanos, que dependen de la posición relativa de los planetas dentro de las casas que ocupan; sin embargo estos aspectos suelen ignorarse en favor de los aspectos eclípticos, que no son realmente visibles, sino sólo matemáticamente calculables de nuevo desde el centro de la Tierra.
pero si queremos entender la verdadera naturaleza de una situación tendremos que localizar las fuerzas objetivas que la generan. Si caminamos hacia el Este por la cubierta de un barco que se dirige hacia el Oeste a una velocidad superior a la nuestra, el resultado es que nuestro cuerpo se desplaza hacia el Oeste, por más que nos parezca lo contrario. Y si hacia el Oeste nos aguardan condiciones naturales adversas, capaces de hacer zozobrar el barco, nuestra corta expedición hacia el Este no nos salvará de ellas. Un aspecto heliocéntrico no percibido como tal desde un punto de vista geocéntrico no dejará, por ello, de tener sus efectos en la Tierra, dado que ésta forma parte integrante de un sistema, el solar, que no lo es sólo de nombre. El Sol es el corazón de nuestro sistema solar. Si el corazón de un organismo
viviente falla, todos los órganos se verán colapsados. Si el hígado de un enfermo cardíaco pudiese expresarse tal vez dijera: "desde mi punto de vista todo está bien, me siento sano, no veo de qué preocuparse". Ese sería el punto de vista del observador que ha olvidado que forma parte de un sistema. El Sol, como centro natural de nuestro sistema, es el mejor de todos los lugares posibles para informarnos del estado general del mismo, en un momento dado. De alguna manera, conforme a lo que Miguel García ha llamado "propiedad holográfica**
** Miguel García, "Naturaleza holográfica de la impronta natal", en Suite Armónica, Cuadernos de Investigación Astrológica, nº 6. Ramses Ediciones, 1997.
el mensaje acerca del estado general del sistema se transmite a todas y cada una de sus partes. La forma en que sintonizamos con ese estado general sigue siendo un misterio, pero cada vez disponemos de más datos para poder afirmar que esa sintonía es una realidad. Los seres humanos nacidos en la Tierra se comportan, en muchos asuntos decisivos, con arreglo a los aspectos planetarios que tendrían si hubiesen nacido en el mismo momento en que lo hicieron, pero no en la Tierra sino en el Sol.

Aunque las cartas heliocéntricas están ya incorporadas en la mayor parte de los programas informáticos profesionales de astrología, siguen siendo muy pocos los que las utilizan y menos aún quienes las consideran algo más que una curiosidad, acaso útil para añadir algún matiz secundario a la interpretación. Por otra parte, no hay uniformidad respecto al concepto mismo de lo que es una carta heliocéntrica, qué debe registrarse en ella y cómo debe utilizarse. Desde las posiciones más “puristas” se considera que un mapa heliocéntrico sólo debe contener la configuración de aspectos de los planetas, sin referencia alguna ni a casas ni a signos del zodíaco. En efecto, el Ascendente, el M.C. y las demás cúspides de las casas dependen estrictamente del lugar de la superficie terrestre en el que se produce un nacimiento y de cómo “se ven” las cosas desde ahí, no desde el Sol. Y en cuanto al zodíaco tropical, es también de naturaleza “terrestre”, ya que depende del punto vernal, es decir, de la relación entre el plano de la órbita y el eje de inclinación terrestres. Por tanto, o bien se adopta un zodíaco sideral o se prescinde de toda referencia zodiacal. Lo único que queda para interpretar son los aspectos. No se debe mezclar esta información con la que procede de la carta geocéntrica.

En el extremo opuesto se sitúa, por ejemplo, la astróloga norteamericana T. Patrick Davis***
*** T. Patrick Davis, Revolutionizing Astrology with Heliocentric, Davis research reports, Florida, 1980
cuyas cartas heliocéntricas constituyen un totum revolutum donde aparecen mezcladas las posiciones heliocéntricas y geocéntricas de los planetas, incluyendo la Luna y sus nodos, junto con los ángulos y las cúspides de las casas, todo ello sobre el trasfondo del zodíaco tropical. Si la posición heliocéntrica de Mercurio, medida sobre el zodíaco tropical, es, por ejemplo, 25º de Géminis y en ese mismo grado se encuentra el Ascendente (sobre el horizonte local) Patrick Davis interpretará esto del mismo modo que si Mercurio geocéntrico estuviera en el Ascendente. Y si, a la vez, Mercurio geocéntrico se encuentra a 25º de Piscis, Patrick Davis procederá sin rubor a interpretar esta cuadratura de Mercurio geocéntrico con Mercurio heliocéntrico como si se tratara de dos Mercurios geocéntricos ocupando simultáneamente dos grados diferentes de la carta.

Entre ambos extremos se dan diversas posiciones intermedias, como, por ejemplo, la de Rudhyar, que sustituye las casas locales terrestres por un sistema de ocho casas iguales contadas desde la posición heliocéntrica de la Tierra. En sentido estricto, la división del espacio que adopta Rudhyar no es propiamente un sistema de casas, sino un armónico 1 de base 8 con punto de origen arbitrario****
**** Entendemos aquí por ‘base’ el número de sectores de igual tamaño pero diferente cualidad en que es dividido el círculo en un armónico dado. Para efectuar el cálculo de un armónico, dividimos el círculo por un número entero de partes; este número es el armónico. Pero luego subdividimos cada parte en 12 sectores (los signos); ésta es la base. Cuando se usa el zodíaco tropical en el cálculo de armónicos, la base es 12; pero si subdividimos cada parte en un número entero de sectores de igual tamaño distinto de 12, entonces estaremos usando otra base, denominada por ese mismo número entero.
 Mi propia posición al respecto ha evolucionado desde una inicial simpatía hacia el enfoque purista, aparentemente más “limpio” y “racional”, hasta el reconocimiento de que las cosas funcionan realmente –a despecho de presunciones teóricas- de un modo mucho más parecido a como supone Patrick Davis. No obstante, creo que la carta heliocéntrica debe ser examinada primero por sí misma, sin mezcla de posiciones geocéntricas que oscurezcan el panorama, para proceder más tarde al análisis de
los aspectos cruzados entre ambas cartas y las referencias domales indirectas.

El uso del zodíaco tropical como referente básico para situar las posiciones heliocéntricas de los planetas da muy buenos resultados en el trabajo con direcciones armónicas, aunque no estoy en condiciones de explicar por qué. Es verdad que las configuraciones de aspectos en los distintos armónicos son las mismas con independencia de si usamos un zodíaco tropical, uno sideral o un punto de origen arbitrario. Pero una conjunción armónica, por ejemplo, no se dará en el mismo grado usando un zodíaco que usando otro. Aquí es donde el zodíaco tropical utilizado con posiciones natales heliocéntricas muestra su eficacia y su superioridad sobre otros posibles sistemas de referencia. Pues cuando, por direcciones armónicas, se produce una de estas conjunciones heliocéntricas, su efecto es considerablemente mayor cuando su posición en el zodíaco tropical coincide con la ocupada por un planeta o punto sensible de la carta natal, aunque sea geocéntrica. Después de todo, el
zodíaco tropical no es otra cosa que la órbita aparente del Sol en torno a la Tierra, que, vista desde el Sol, es la propia órbita de la Tierra. Lo que parece funcionar mejor es, pues, esta especie de carta geoheliocéntrica, que admite aspectos cruzados y referencias domales mixtas.

De todas formas, la astrología heliocéntrica se sigue abriendo paso sólo muy lentamente. Esto se debe, entre otras cosas, a la inexistencia de una tradición astrológica heliocéntrica que desanima a algunos de los que intentan incursionar en esta materia. La falta de referencias bibliográficas obliga a escoger
entre trasladar a grosso modo los esquemas de interpretación de ciclos geocéntricos a los ciclos heliocéntricos o emprender un exhaustivo trabajo de investigación, prolongado y difícil. La primera opción entraña ciertos riesgos, pues puede darse el caso de que con el cambio de punto de vista se modifiquen también algunos de los efectos atribuidos a los planetas; además, hay que hacer un sitio a la Tierra como un planeta más a interpretar, junto con sus aspectos, y en esto la tradición geocéntrica no nos auxilia. Si a estas dificultades añadimos el hecho cierto de que casi la totalidad de la literatura astrológica que se produce actualmente es de orientación geocéntrica y que, como es lógico, cualquier persona interesada en astrología permanece atenta a las publicaciones que la atañen, poco tiempo le va a quedar para fijar su mente en planteamientos alternativos. Además, la inexistencia de efemérides heliocéntricas restringe seriamente las posibilidades de experimentar con técnicas de prognosis, desde este punto de vista. Otra razón que puede haber contribuido algo al desinterés por las cartas heliocéntricas es la crítica apriorística que les hace Gouchon en su Diccionario de Astrología. En síntesis, viene a decirnos que todo aspecto entre dos planetas puede convertirse en otro cualquiera con sólo cambiar el punto de vista; es decir, para cualquier distancia angular geocéntrica entre dos planetas que sea considerada aspecto, siempre habrá una serie de lugares en el espacio a los que podríamos trasladarnos para que, vistos desde allí, configuren cada uno de los aspectos restantes. Gouchon parece entender que semejante relativismo diluiría la astrología en la nada, y esto le parece razón suficiente para descartar el heliocentrismo sin necesidad de contrastaciones empíricas. Sorprende esta actitud en un autor que en las demás cuestiones críticas de la astrología recurre, siempre que le es posible, a comprobaciones estadísticas para medir la plausibilidad de las distintas opciones.

Los heliocentristas, sin embargo, no sostienen que cualquier punto imaginario del espacio sea válido para usarlo como referente de una carta astral. Por el contrario, señalan la importancia del Sol, como centro natural del sistema, en torno al cual giran realmente los planetas, como si estuviesen unidos a él por ejes similares a los radios de una rueda. La medida angular entre dos de estos ejes, que siguen la dirección natural de emanación de los rayos solares, define el aspecto entre los planetas correspondientes. Estos son "verdaderos aspectos" en más de un sentido: lumínico, dinámico, ondulatorio, gravitacional y cíclico. Por comparación con ellos, los aspectos geocéntricos son meramente "aparentes", o, a lo sumo, efectos derivados semejantes a reflejos o juegos indirectos de luces y sombras. Por supuesto, para aquellos aspectos que involucren al Sol, la Luna o el ascendente, el punto de vista geocéntrico es el más natural y el único eficaz. La extraordinaria importancia de estos tres factores, unida a la escasa diferencia entre las posiciones geocéntricas y heliocéntricas de los planetas lentos y semilentos, serían suficientes razones para dotar a la carta geocéntrica de un importante grado de eficacia, aun en el caso de que los "aspectos aparentes" no fuesen operativos.

Así pues, los aspectos meramente geocéntricos vienen a ser como las sombras de la caverna de Platón*****
***** En el libro VII de La República, Platón narra un mito que simboliza la condición humana o el estado del alma mientras permanece encerrada en un cuerpo. Describe a unos extraños prisioneros, encadenados en el interior de una caverna desde su nacimiento, sin poder mover la cabeza ni mirar a otra parte que no sea la pared del fondo de la caverna. Detrás de ellos hay un muro y, más atrás, un fuego. Entre el muro y el fuego hay un pasillo por el cual circulan unos porteadores cargados de diferentes objetos. Las sombras de estos objetos son proyectadas por el fuego en la pared del fondo de la cueva, y los prisioneros, que en toda su vida no han visto más que esas sombras, las toman por la auténtica realidad.
Los prisioneros de la caverna viven en función de esas sombras, responden a ellas y las toman por la única realidad. Pero si alguno logra liberarse de sus condicionamientos y salir al exterior podrá ver el fuego (el Sol) y las figuras reales (las figuras de aspectos heliocéntricos), absorto en la maravilla, la riqueza y la precisión del nuevo panorama que se le ofrece.

Este mito platónico puede resultar un tanto exagerado, y no más convincente que una retahíla de bellas palabras poéticas. En todo caso, si tiene o no consecuencias observables sólo por medios experimentales puede decidirse. A este respecto es importante recordar las investigaciones de John H. Nelson******
****** Los trabajos de Nelson son frecuentemente citados en la literatura astrológica con la intención de presentar un apoyo experimental para la tradicional teoría de los aspectos. Sin embargo, pese a que este estudio respalda tan sólo la eficacia de los aspectos heliocéntricos , la mayoría de los astrólogos que lo mencionan siguen trabajando exclusivamente con aspectos geocéntricos, sobre los que Nelson no encontró nada. De modo parecido, se invocan con frecuencia las estadísticas de Gauquelin como apoyo de la teoría astrológica de la domificación y de la importancia de los ángulos de la carta. Pero lo que Gauquelin demostró en realidad es que los planetas en casas cadentes son más fuertes que en casas angulares, que es todo lo contrario de lo que mantiene al respecto la tradición astrológica. En ambos casos, parece que el único interés de ciertos astrólogos es enarbolar por un momento la bandera del método científico para acallar las voces críticas de los escépticos, esgrimiendo con vehemencia los datos experimentales, pero ignorando de hecho la sustancia misma de estos trabajos y los puntos en que compromete o modifica la tradición, tratando de hacer creer que están así más legitimados a seguir haciendo “lo de siempre” con la cabeza un poco más alta.
en el campo de la ingeniería de emisiones de onda ultracortas. Nelson descubrió experimentalmente que las perturbaciones en las transmisiones de radio se producen con más frecuencia e intensidad cuando hay planetas formando ángulos heliocéntricos de la serie del 4 (90, 180, 270 y 360 grados), a los que añadió más tarde los de 45°. Por el contrario, estas perturbaciones se reducen si los ángulos heliocéntricos de los planetas son de 60, 120, 240 ó 300 grados (sextiles y trigonos), a los que más tarde añadió los de 30° y 15°. Es verdad que una investigación sobre el comportamiento de las ondas de radio y su dependencia de las condiciones heliocéntricas no aporta gran cosa al conocimiento de posibles efectos en términos de vivencias o decisiones humanas. Para eso hemos de recurrir a estudios estadísticos de naturaleza propiamente astrológica.

Una limitación que podría achacarse a las cartas heliocéntricas es que individualizan menos que las cartas geocéntricas. Al no disponer de casas ni de cuerpos de movimiento tan rápido como la Luna, dos nacimientos separados unas pocas horas entre sí producen cartas heliocéntricas prácticamente idénticas. De esta circunstancia podemos obtener también alguna ventaja. Estudiando conjuntamente cartas heliocéntricas y geocéntricas de dos personas con nacimientos próximos en el tiempo, podremos evaluar mejor las similitudes y diferencias entre ambas, en función de lo que comparten -condiciones generales- y lo que no -condiciones específicas. Por otra parte, un ciclo como el de Venus y Mercurio, que en perspectiva geocéntrica sólo ofrece un rango de aspectos limitado por la obligada proximidad de ambos al Sol, es completo como ciclo heliocéntrico, presenta toda la gama de aspectos posibles; en ese sentido, este ciclo heliocéntrico individualiza más que su correlato geocéntrico. Otra ventaja de los ciclos heliocéntricos es que no plantean problemas de definición; pueden describirse como el conjunto de distancias angulares comprendidas entre dos conjunciones sucesivas. En los ciclos geocéntricos, las retrogradaciones provocan que se den tres o incluso cinco conjunciones dentro de un mismo ciclo, lo que además complica el cálculo de los valores esperados en investigaciones estadísticas. Obviamente, los primeros son mucho más naturales.

© Julián García Vara

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sábado, 19 de julio de 2014

Los armónicos anuales. Texto de Hannan


Técnicas Predictivas en Armónicos Anuales.

Técnicas predictivas y Carta Anual Armónica.

Progresiones armónicas y ciclos de vida.

Charles R. Hannan
Lois F. Hannan

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Prefacio

     Los armónicos anuales son un sistema de predicción astrológica. Le ayudará a prever  el próximo año, así como a identificar la verdadera causa de los acontecimientos. Pero es más que eso. Se trata de un sistema astrológico completo, autónomo, que le permite una mirada a las tendencias de toda la vida y sus variaciones.

     Puede ser una buena idea exponer lo que no entendemos aquí por armónicos anuales. No se trata del sistema de John Addey que asigna un número armónico a cada año de vida correspondiente, es decir, la séptima carta armónica para el séptimo año de vida. El sistema de Addey nunca pretendió ser algo más que una propuesta experimental, y fue presentado por el mismo Addey como un tanteo.

     Fue, sin embargo, el trabajo experimental de Addey en este campo de la astrología lo que estimuló mi interés y me inspiró a profundizar en su tesis y experimentar con variaciones de su tema de estudio. Así es como fue hallada la premisa de un grado por cada año de vida.

     Cada grado, tan pronto como es generado, se convierte en un horóscopo completo de pleno derecho. En cualquier edad que alcancemos, el horóscopo es completo dentro del número de grados correspondientes a la edad exacta de la persona. Todo lo que hemos de hacer es expandir este mini-horóscopo de la misma manera que los antiguos astrólogos hindúes, hasta completar una rueda de 360°.

     Aparte del nuevo concepto de armónicos anuales, los capítulos 2, 3 y 4, que contienen los nuevos e interesantes conceptos de posiciones armónicas en movimiento o progresiones armónicas, son para mí lo más intrigante. Es puro placer observar el desarrollo de los acontecimientos mientras las progresiones planetarias forman aspectos y avanzan paralelamente hacia el aspecto partil. También llamará su atención el modo en que el nuevo ciclo de Aries refleja las tendencias de la vida. Como prueba adicional del sistema de armónicos anuales, he incluido un capítulo que muestra la eficacia de los tránsitos sobre las posiciones del armónico anual.

     Finalmente, para el estudiante o investigador de las nuevas técnicas astrológicas, hemos elaborado un apéndice que contiene los datos que hemos utilizado en todo el texto, referentes a las cartas natales y  armónicas, así como a tránsitos. Se enumera cada posición y aspecto.

     Los cálculos matemáticos pueden resultar, a veces, tediosos, pero el absoluto placer de observar el funcionamiento y desenvolvimiento del sistema capturará su atención por mucho tiempo.


Junio, 1983

Charles R. Hannan
Lois F. Hannan

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Cartas armónicas fijas

Capítulo I. La carta armónica anual.

Premisa

       En la India antigua los astrólogos hindúes estaban convencidos de que un segmento del horóscopo de una persona podía observarse como si fuera un zodiaco en miniatura, pero completo por derecho propio. Tomaban un segmento de arco del horóscopo, por ejemplo 40 grados, y lo expandían hasta llenar un círculo completo de 360°, generando así una carta totalmente separada del radix. En la astrología moderna reconocemos esta carta como la novena carta armónica, el zodiaco dividido en nueve secciones de 40°.

       Así nacieron los gérmenes de los armónicos segmentarios o angulares. Inicialmente John Addey y más tarde John Greig refinaron y expandieron estos conceptos.

       Ahora el campo de los armónicos está abierto a cuatro líneas de investigación angular:

1. Divisiones del círculo por números enteros que generan nuestros aspectos típicos.
2. Angulos generados por la distancia entre un planeta particular y cero Aries.
3. Angulos generados por la diferencia en longitud de arco entre dos planetas o puntos matemáticos del radix.
4. Un grado de longitud de arco generado por cada año de vida.

El primer grupo constituye la familiar serie de cartas armónicas al estilo de Addey, que revelan, por ejemplo, el quinto, séptimo y noveno armónicos del radix. El segundo grupo incluye los armónicos planetarios de John Greig que permiten la investigación del horóscopo desde el punto de vista de una simple vibración planetaria. El tercer grupo permite al astrólogo investigar la carta natal desde el punto de vista de dos planetas relacionados. [ El concepto de armónicos de dos planetas procede de un artículo de revista que fue perdido más tarde junto con el nombre de su autor.] Por ejemplo, uno puede mirar a la diferencia angular entre los regentes de la primera y séptima casas como una pista acerca de las relaciones.


El cuarto grupo ofrece la única carta armónica que se desarrolla de año en año. Es también el único que genera movimientos y progresiones armónicas vitales que fluirán formando y deshaciendo aspectos entre cuerpos o puntos del radix. Asimismo genera una serie de ciclos de Aries a lo largo de la vida que indican periódicos cambios en el modo de ver el mundo.


Arco de experiencia

     Los escritos hindúes y budistas nos enseñan que toda la vida sensible está encerrada en un ciclo continuo, en el cual se mantiene únicamente como consecuencia de nuestras emociones y deseos. El Buda lo llamó la rueda del dolor y la pena. Es el ciclo del nacimiento, la muerte, y la eventual reencarnación. Cada ciclo vuelve a empezar con el renacimiento del alma en el plano de la existencia terrenal. El propósito de cada ciclo es conducir el alma hacia un estado de equilibrio emocional que modere poco a poco sus apetitos terrenales. Este es un camino (no el único) para liberarse finalmente de la rueda de las reencarnaciones y sus dolorosas consecuencias.


     ¿Cómo podemos cuantificar mejor este ciclo? La duración del ciclo, desde el nacimiento hasta el renacimiento, es exactamente de 360°. Esta es la definición de ciclo. El recién nacido empieza a acumular experiencia inmediatamente y lo sigue haciendo a lo largo de todo el ciclo. Hay numerosos obstáculos para la medición precisa del fragmento de ciclo entre la muerte y el renacimiento. Por otra parte, el segmento de ciclo entre el nacimiento y la muerte es fácilmente observable y cuantificable. Para este segmento de ciclo podemos ahora postular el arco de experiencia. El arco de experiencia (arco de la edad) avanza a razón de un grado (1°) por cada año de vida sobre la tierra. Esta es la primera y principal premisa de los armónicos anuales. Los arcos de la edad se usarán más adelante para calcular los números armónicos, o como nosotros los llamaremos, por purismo semántico, multiplicadores armónicos (MH).


Utilidades prácticas

      La utilidad práctica de la carta armónica anual (CAA) cae bajo 4 categorías:

1. La CAA como una ventana o punto de vista para el próximo año.
2. Tres tipos de progresiones armónicas, como técnicas de predicción.
3. Ciclos de la vida humana que muestran una variación cíclica en nuestra visión del mundo y nuestro lugar en él.

4. La carta armónica anual es puramente matemática y, por tanto, no necesita de efemérides una vez que el gráfico natal se erige, una comodidad que no se observa en las técnicas habituales de progresión astrológica.


La carta armónica anual

     Veamos de entrada la CAA por separado. La premisa es que para cada año usaremos una carta anual de la misma manera que suele hacerse con las revoluciones solares.

     La CAA puede estudiarse por sí sola y ser analizada conforme a las técnicas astrológicas habituales. Pero es preferible estudiarla mediante una rueda doble con la carta radical en la parte interna.

     La carta armónica anual es una función de tiempo; es una carta del aquí y ahora. No es, por tanto, difícil entender que la CAA es una función de la primera carta armónica, el radix, para los propósitos de las predicciones diarias y el despliegue de las tendencias internas de la carta. Así, si en la CAA vigente el Sol cuadra a Júpiter, mientras que la conexión natal entre esos dos planetas es un trígono, los acontecimientos o efectos atribuibles al trígono serán evidentes ese año, si bien con algunas dificultades añadidas por la cuadratura.

     En otras palabras, el aspecto natal entre dos planetas prevalecerá sobre la CAA, sin importar cuál sea el ángulo de contacto. El aspecto en la CAA inhibirá o realzará el aspecto natal. Si no hay conexión en el radix entonces el aspecto CAA se lee directamente.

     Esta es una premisa básica de los armónicos anuales. Según avancemos a través de las matemáticas y especialmente la evidencia, la premisa cobrará contenido de un modo mejor que su mera declaración aislada.


Las matemáticas de la carta armónica anual (CAA)

     La construcción de la CAA requiere que todos los planetas y puntos astrológicos en la carta natal sean convertidos a la notación decimal de 360º. Esto se logra contando todos los grados desde cero Aries para cada posición planetaria. Así un planeta a 9º de Géminis se anotaría como 69º. Esta posición incluiría los 30º de Aries, los 30º de Tauro y los 9º primeros de Géminis, un total de 69º. Una posición natal de 27º Capricornio equivaldría a 297º. Los minutos deben convertirse a notación decimal dividiendo el número de minutos por 60. Así 14º 45’ de Acuario será 314.75º. Un punto a 27º 37’ de Cáncer quedará como 117.6167º. Cuatro decimales dan más precisión que la original notación “minuto-segundo”, porque el cuarto decimal indica una precisión de alrededor de 1/3 de un segundo de arco. Por lo tanto, el redondeo al cuarto decimal es más que suficiente precisión.


Multiplicador armónico

     Nuestra construcción de la carta requiere un segundo factor, el multiplicador armónico o MH. Se obtiene por división de los 360º del círculo por el arco de edad generado por la fecha de nacimiento en cuestión. El arco de edad aumenta a razón de 1º por año. Por tanto, a los 24 años el arco de edad es 24º y a los 38 años el arco de edad es 38º.

     El MH se determina así:

Edad 24 años:
MH = 360º / 24º
MH = 15,0000
Edad 38 años:
MH = 360º / 38º
MH = 9,4736842

     Los grados en el círculo y en el arco de la edad son exactos. Por tanto, puede usar tantos decimales como muestre su calculadora. La discrepancia en precisión entre el MH y las posiciones planetarias se examinarán más adelante.
     Estos dos factores, las posiciones planetarias y el multiplicador armónico, son todo lo que necesitamos para la construcción de la CAA.

     Aquí hay un ejemplo de tres planetas en una carta natal. Multiplicando las posiciones radicales por el MH se obtienen las posiciones en la CAA. El nativo tiene 45 años y el MH es 8,000. Esta carta llevará la notación CAA-45 para 45 años.

Natal
MH
Posición total
CAA-45
A = 12,4500º
x 8 =
99,6º
9º Cáncer 36’
Marte = 31,7755º
x 8 =
254,204º
14º Sagitario 12’
Saturno = 43,6301º
x 8 =
349,0408
19º Piscis 3’

     Al multiplicar el punto natal por MH, el producto es la posición total que puede convertirse en notación zodiacal “grado-minuto” tal como se muestra. La posición total se usará solamente como punto de referencia en algunas de las matemáticas involucradas en las progresiones armónicas y en los ciclos del punto Aries.

     Algunas o todas las posiciones totales superarán los 360º. Cuando esto suceda, debe sustraerse 360º de las posiciones totales hasta que queden por debajo de 360º.

     Como ejemplo, un cuarto planeta en la carta anterior se sitúa como sigue:

Natal
MH
Posición total
Júpiter 301,46
x 8 =
2411,68 – (360º) 6

     En este caso se sustrae seis veces 360º de la posición total, hasta dejarla en 251,68º o en notación zodiacal 11º 41’ de Sagitario, redondeada al minuto más cercano.

     Para convertir decimales de nuevo a minutos, simplemente multiplique el decimal por 60. Para convertir la notación de 360º a notación zodiacal, utilice como guía las posiciones del grado cero de cada signo mostradas abajo.

Aries 0º
Libra 180º
Tauro 30º
Escorpio 210º
Géminis 60º
Sagitario 240º
Cáncer 90º
Capricornio 270º
Leo 120º
Acuario 300º
Virgo 150º
Piscis 330º

     Esto puede parecer difícil pero la práctica hace que sea mucho más fácil. Recuerde el grado de dificultad que tuvo cuando memorizó por primera vez los signos y aspectos.

     Las matemáticas de la CAA-60 de Gerald Ford se muestran abajo. MA = 6,0000

Natal
Grados absolutos
Menos    360
A
12º Tauro 12’
253.2000º
no
M
24º Capricornio  01’
1764.1000
1440º = (360º) 4
Sol
21º Cáncer 12’
667.2000
360º
Luna
3º Sagitario 56’
1463.5998
1440º = (360º) 4
Mercurio
16º Leo 08’
816.7998
720º = (360º) 2
Venus
5º Géminis 52’
395.2002
360º
Marte
19º Tauro 35’
297.4998
no
Júpiter
11º Capricornio 50’
1690.9998
1440º = (360º) 4
Saturno
13º Géminiss 13’
439.3002
360º
Urano
6º Acuario 09’
1836.9000
1800º = (360º) 5
Neptuno
25º Cáncer 34’
693.4002
360º
Plutón
0º Cáncer 03’
540.3000
360º

Las posiciones zodiacales se muestran en la carta CAA-60 de Ford.

Lo que sigue son dos listas de múltiplos de 360º que pueden ser de utilidad. Restar los múltiplos apropiados en la columna de la izquierda de la posición total del planeta. Si la posición total es muy superior a los números de esta lista entonces réstese un múltiplo adecuado de la columna de la derecha hasta que el número total se reduzca al rango de la columna de la izquierda.

360º
3600º
720º
7200º
1080º
10800º
1440º
14400º
1800º
18000º
2160º
21600º
2520º
25200º
2880º
28800º

     Pasada la mitad de la vida la columna de la izquierda es todo lo que se necesita, pero en los primeros años las posiciones totales son bastante altas.

     Otro procedimiento elimina la necesidad de una lista de múltiplos de 360º. Simplemente divida la posición total por 360º. El resultado será un número entero con una parte decimal. Entonces retire el número entero y convierta la parte decimal a la notación de 360º multiplicándola por 360º.

Ejemplo: Urano natal de Gerald Ford está a 6º 09’ de Acuario. En su CAA-60 el cálculo es:
  1. 306,15 x 6,0000 = 1836,9º
  2. 1836,9º / 360º = 5,1025
  3. 5,1025º – 5. = 0,1025
  4. 0,1025º x 360º = 36,9º
  5. 36,9º = 6º 54’ de Tauro.
En el paso 3 el número entero 5 equivale a 5 múltiplos de 360º. El decimal restante 0,1025, es la posición armónica final de Urano indicada en una fracción decimal de círculo; de modo que al multiplicarla por 360 queda establecida su posición en la carta. La precisión de cada método es la misma.


El gráfico de la CAA.

Una vez conocidas las posiciones de la CAA, debemos considerar un formato gráfico de la carta. Las cuatro ruedas que siguen se consideran significativas.

El observador ocasional de armónicos anuales puede simplemente colocar las posiciones de la CAA en un círculo exterior a la carta radical. Esto permite una rápida referencia a las influencias armónicas sobre los planetas y casas natales, pero deja mucho que desear.

Algunos astrólogos pueden preferir la carta zodiacal con Aries a la izquierda y las posiciones de A y M colocadas en sus apropiados signos. Un error de 4 minutos en la hora de nacimiento provocará un error de 8º en los ángulos de la CAA-45 y un error de 30º en la CAA-12. En opinión de muchos astrólogos, esto justificaría la renuncia a usar un sistema de casas.

Por el contrario, cuando el analista se siente seguro con los datos natales, por ejemplo porque han sido rectificados, entonces debemos recomendar el uso de los dos siguientes gráficos.

En primer lugar el Ascendente armónico en la cúspide de la primera casa en un formato de casas iguales. La denominaremos carta A y se ocupará del medio ambiente general del nativo.

El segundo método sitúa el meridiano armónico en la cúspide de la décima casa, también en formato de casas iguales. La denominaremos la carta M. Ésta se referirá a la posición del nativo en el mundo y su autoestima personal. Las diferencias entre estos formatos no son rígidas y por tanto recomendamos el uso de ambos.

Las dos cartas se dispondrán en un formato de doble rueda con el radix en el círculo interno. Los planetas radicales así como A y M natales se situarán en las casas armónicas en sus apropiados lugares. Estos emplazamientos cambian de año en año.

Las cartas CAA-60-A y CAA-60-M son ejemplos de esta construcción. Además muestran buenas razones para el uso de un sistema de casas en los armónicos anuales.

Estas son las cartas del sorprendente ascenso de Ford a la vicepresidencia de los Estados Unidos en 1973. Hay aquí algunos ejemplos de interacción de planetas y ángulos así como entre los regentes de las casas significativas.




Figura 1. Gerald Ford, CAA-60-M

En la carta M (Figura 1) el regente de la primera y sexta casas (Venus) y el regente de la décima casa (Urano) están en conjunción en la casa doce de grandes instituciones y relaciones secretas. El repentino ascenso (décima) y cambio de trabajo (sexta) están positivamente indicados por el trígono natal.



Figura 2. Gerald Ford, CAA-60-A

En la carta A (Figura 2) el regente del Ascendente, Júpiter, está en conjunción con el Ascendente armónico, lo que de nuevo indica un año personal realmente bueno.

Otro punto a considerar es el efecto por emplazamientos en casa natales. El Sol armónico de Ford forma una conjunción con su Urano ubicado en la décima casa, indicando repentino cambio profesional así como un cambio en relación con su carrera orientado a sus superiores, por ejemplo Richard Nixon.

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NOTA. El texto mostrado más arriba es una traducción al español de solamente los primeros párrafos del original (aproximadamente las primeras ocho páginas). Procede de:

Predictive Techniques in Annual Harmonics.

Predictive Techniques and the Annual Harmonic Chart
Harmonic Progressions and Life Cycles

by

Charles R. Hannan
Lois F. Hannan

AFA

First Printing 1986
ISBN Number: 0-86690-296-1

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Puede leer también un comentario crítico sobre esta técnica en el siguiente artículo:

Los armónicos anuales de Hannan
Julián García Vara.


miércoles, 12 de febrero de 2014

Siempre puedes pensar que fue el tren el que se arrojó a ti



El 2 de enero de 1950 hacia las 7 de la mañana GMT se formó en el cielo una singular configuración de encantadora simetría entre seis planetas: Plutón, Neptuno, Urano, Marte, Venus y la Luna. El eje de simetría estaba conformado por una oposición entre Venus, a 17º de Acuario y Plutón a 17º de Leo. Neptuno en 17º de Libra y la Luna en 17º de Géminis cerraban con Venus un Gran Trígono, al tiempo que se enlazaban por sextiles con Plutón. Es el patrón conocido como Gran Cometa Cósmica, porque el trazado de las líneas que representan los aspectos entre esos cuatro planetas recuerda la figura de una cometa. Urano, en 2º de Cáncer, y Marte, en 2º de Libra, formaban una cuadratura cuyos puntos medios estaban ocupados por Plutón y por Venus. La conexión a través de puntos medios constituye un vínculo importante entre Urano/Marte y Plutón/Venus, pero, además, también están enlazados por aspectos. Plutón se une a Urano y a Marte por semicuadraturas y Venus lo hace por sesquicuadraturas. El trazado de las líneas de aspecto entre estos cuatro planetas también recuerda vivamente la figura de una cometa, aunque algo más estilizada. Tenemos, pues, dos cometas que comparten eje, cabeza y cola y sólo se diferencian en la longitud de las alas; o una supercometa doble de cuatro alas.


En teoría, la Gran Cometa Cósmica es una configuración muy favorable, ya que contiene cinco aspectos considerados benéficos rodeando a una oposición única, la cual, aun siendo un aspecto tenso, se entiende que dinamiza la estructura y le aporta la energía necesaria para entrar en actividad y producir todo el beneficio que promete. Sin embargo, la otra cometa que hemos observado, la que se forma entre Plutón/Venus/Urano/Marte, a la que podemos denominar "la Cometa Menor", está formada íntegramente por aspectos tensos: una oposición, una cuadratura, dos semicuadraturas y dos sesquicuadraturas. En esto se asemeja más a la Gran Cruz Cósmica, que también enlaza cuatro planetas unidos todos entre sí por aspectos tensos (cuatro cuadraturas y dos oposiciones). Sin embargo, a diferencia de la Gran Cruz Cósmica, las cometas -mayores o menores- son figuras desequilibradas, en el sentido de que hay un planeta que soporta todo el peso de la estructura. En efecto, si aplicamos una suma de vectores a los cuatro planetas que conforman cualquiera de las dos cometas de nuestro caso, el vector-suma resultante apuntará en dirección a Plutón. En el punto opuesto, Venus es el único contrapeso, lo que lo convierte en un planeta crucial para dar cierta estabilidad al conjunto.


Las dos cometas ensambladas de la forma descrita conforman, de hecho, una nueva estructura de Cometa Doble, con una carga dinámica muy superior a la de la Gran Cometa Cósmica simple. Ahora no tenemos solamente un "aspecto dinamizador", sino nada menos que seis. La tensión a la que se debe encontrar una salida es mucho mayor, aunque también son abundantes los recursos para gestionarla (los aspectos "fluidos").

Es extraordinario encontrar en una carta real este juego de configuraciones de alta precisión geométrica. No tengo noticias de ninguna persona nacida exactamente a las 7 de la mañana GMT del 2 de enero de 1950 (o muy cerca de esa hora), pero rastreando por la red de internet he localizado unas cuantas que nacieron ese día, aunque no se indica la hora de nacimiento. De todas formas, la configuración de Cometa Doble se mantuvo dentro de orbe durante toda la primera mitad del día y la de Cometa Menor durante el día entero. Por tanto, con la única duda de la Luna, todos los aspectos entre los cinco planetas restantes, están vigentes todo el día.

Las primeras personas que he encontrado nacidas el 2 de enero de 1950 son las siguientes:

Martine Dreyfus, escritora.
Miguel López Salas, pintor.
José Miguel Román Francés, pintor.
Paula Sinos Montoya, poeta
Ennio Augusto Vivaldi Véjar, médico, neurólogo, cirujano.
Gilbert Williams, pintor.

Enseguida llama la atención la presencia de tres pintores en esta pequeña lista, algo que confirma la importancia que el planeta Venus tiene como contrapeso de toda la configuración. Parece como si toda la tensión originada por la Cometa Menor encontrara una salida a través de una transfiguración estética o artística (esto se aplica también a las escritoras Martine Dreyfus y Paula Sinos). Sin embargo, esta estrategia puede fracasar. Para Paula Sinos, que terminó su vida dejándose arrollar por un tren, se convirtió en un callejón sin salida. Parece que en el caso de Paula Sinos Plutón le ganó la batalla a Venus. No olvidemos que el peso de la configuración recae realmente sobre Plutón.

El principal aliado de Venus es Neptuno; para los nacidos en la primera mitad del día, Venus cuenta también con la complicidad de la Luna. El grupo Venus/Neptuno/Luna que conforma un Gran Trígono de aire es extremadamente delicado, sensible, hermoso, soñador, aterciopelado, vulnerable, frágil, un tanto sensual y un tanto místico, insuperablemente femenino. El trígono Venus-Neptuno se ve con total transparencia en las pinturas de Gilbert Williams: escenas oníricas de vetustos templos flotando entre nubes, figuras femeninas aladas de cuerpos translúcidos, criaturas fabulosas policromadas en tonos azules y violetas, paisajes de ensueño donde nada turba la apacible e inusitada belleza de parajes imposibles. También se aprecia en los floridos paisajes de José Miguel Román Francés, en sus delicadas figuras femeninas, siempre hermosas e insinuantes, en sus solitarios jardines y en sus campos de amapolas. Sin duda, Paula Sinos también buscó refugio en los mundos de ensueño. Como nos dice Eliseo González:
"Paula Sinos (...) vivió toda su vida en una jaula de cristal. A través de esa vitrina a la cual la confinara una temprana esquizofrenia, Paula Sinos no tardó en averiguar que el mundo padecía una grave enfermedad. Durante muchos años trató de analizarla y conocerla presintiendo que el fracaso de su empresa acabaría llamándose Contagio o la imposibilidad de una ilusión. Tal es el título que absorbe el centenar de sus poemas." [Eliseo González, Galería de suicidas, p. 43]

Pero las burbujas de la ilusión se quebraron y lo que ella entendía que era la más cruda y áspera realidad se le presentó de frente y no encontró ya otra forma de huida que dejarse aplastar por ella, en forma de rugiente máquina de tren.
Siempre puedes pensar que fue el tren el que se arrojó a ti
 (Paula Sinos, Estorbo, en Contagio o la imposibilidad de una ilusión)

Su poema "El peso del tesoro", dirigido contra los poetas, podría igualmente aplicarse a los pintores mencionados más arriba, forjadores de imágenes idílicas.
Nunca debí escucharos, fantasmas que alojasteis en mi pecho esta absurda pasión por las palabras.
¿Acaso vuestro arte os liberó de algún tormento, os procuró más dicha?
No fuisteis sino necios mendigos de sueños, fanáticos avaros de ilusiones, mezquinos saqueadores de esperanzas.
Nunca debí escucharos, oh amados maestros que enterrasteis en mi alma la fe de vuestro ingenuo botín.
Nunca debí escucharos, nunca debí seguiros.
La realidad ahora me conoce.

La oposición de Venus con Plutón, que forma la espina dorsal de la Doble Cometa, enfrenta a dos grupos de planetas marcadamente diferentes. De un lado, Plutón/Marte/Urano, conectados entre sí por aspectos tensos, nos dice que el mundo está presidido por la lucha, el conflicto, la rebelión y la muerte. De otro lado, Venus/Neptuno/Luna sólo anhela la paz, la serenidad, la concordía, la belleza y la vida entre algodones, sin roces ni asperezas. Para escapar de la hostilidad del mundo plutoniano y sus rudos aliados se recurre a las artes del mundo venusino y sus refinados amigos. Pero esta artimaña es presentida y desenmascarada por Paula cuando escribe "¿Acaso vuestro arte os liberó de algún tormento?".

Si miramos con detenimiento las encantadoras pinturas de Gilbert Williams y Román Francés, descubriremos que en ellas no sólo hay belleza; hay también melancolía y una profunda y sobrecogedora soledad.


Román Francés, Retrato de mujer

Los retratos de Román Francés, siempre de mujeres solas, no nos confrontan casi nunca con una mirada de la modelo. Ni siquiera podemos ver sus ojos. Casi todas ellas miran hacia el suelo (hacia el reino de Plutón) o tienen la mirada desviada o perdida, o los ojos cerrados, en una actitud melancólica de desesperanza, añoranza o desánimo. En sus jardines y paisajes, recargados de flores, no se vislumbra un alma; ni humana ni animal, ni un pájaro ni una abeja. Una soledad absoluta. Un silencio mortal.


Gilbert Williams, Espíritus afines

En Gilbert Williams, aunque hay mayor variedad temática y una fantasía desbordada, también predominan los parajes solitarios y las figuras aisladas, lo que provoca a menudo una inquietante sensación de desamparo y extravío. O los inanimados rostros de piedra, de hojas o de nubes, impasibles, hieráticos e inaccesibles como esfinges.


Gilbert Williams, Caras de dioses

© 2010, Julían García Vara